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lunes, 6 de mayo de 2013


CASTILLOS DEL REINO. CIEN MOJONES PARA LA VERDADERA HISTORIA.

Manuel Sagües 


Ya se han colocado veintidós de estas estelas en fortalezas y lugares que defendieron el estado de Navarra.

CIEN mojones, o quizá más, señalarán el emplazamiento de los antiguos castillos y fortalezas del Reino de Navarra. Se trata de un proyecto iniciado por Nafarroa Bizirik en 2010 con motivo del quinto centenario de la conquista de Navarra (1512-2012). Hasta el momento se han colocado en 22 de los lugares fuertes que defendieron el Estado de Navarra a lo largo de la historia. La loable idea de Nafarroa Bizirik es dar continuidad a la recuperación de la memoria histórica más allá de la efeméride del medio milenio que se cumplió el año pasado. Además, cabe recordar que la resistencia de Navarra en su conquista se alargó hasta bien entrada la segunda década del siglo XVI.

Las localidades de Puente la Reina-Gares, en su puente y entrada al casco urbano medieval, y Pueyo, al pie de la ermita de Santiago, amojonaron sus fortalezas el pasado día 27 de abril. El mojón número 23 será el de Zaitegi (Álava-Araba), que señalará el lugar el próximo 11 de mayo y el 24 será el de Igúzquiza-Iguzkitza, localidad cercana a Estella-Lizarra, que lo hará el sábado 28 de mayo. En 2013 quedarán ya colocados un total de 40 monolitos.

La idea de colocar estos mojones o estelas en el lugar de los castillos o fortalezas de población es del historiador pamplonés Joseba Asirón y del arquitecto Mikel Enparantza; Asirón pensó, Emparanza diseñó y Vicente Azpilikueta dio forma a esta estela con forma de torreón.

“Se trata de recuperar una parte de nuestra memoria que, en la mayoría de los casos, reposa bajo toneladas de tierra y escombro. Quinientos años de incuria y olvido los cubren. Yacen sobre las peñas de Aitxorrotz, Urdiain o Toloño, en los montes que rodean Bilbao, Donostia, Arrasate, Estella o Tudela. Aguardan bajo las plazas ajardinadas y bajo las calles asfaltadas de Pamplona, Donibane Garazi y Tafalla. Esperan pacientemente que nos acerquemos a ellos y les formulemos nuestras preguntas. Quinientos años de preguntas pendientes, ahí está la clave del problema, el quid de esta cuestión”, recuerda el propio Joseba Asirón en un artículo publicado por el también historiador Pello Guerra.

La asociación Nafarroa Bizirik estudió la propuesta de Asirón y Emparantza y cómo desarrollarla. Se buscó la implicación de los ayuntamientos de las localidades donde se erigían esas fortalezas y de los colectivos sensibilizados con el quinto centenario de la conquista de Navarra.
El peso bibliográfico de este proyecto ha recaído esencialmente en la publicación Navarra. Castillos que defendieron el Reino (4 tomos), del historiador Iñaki Sagredo, que recoge detalladamente el emplazamiento del centenar de castillos con los que contó nuestro viejo reino pre y pirenaico a lo largo de su historia.

En enero de 2012 se colocó el primer mojón en el lugar correspondiente al castillo de Aitzorrotz, en Eskoriatza (Gipuzkoa), donde una sociedad del mismo nombre estudia y está sensibilizada con su historia.

En la actualidad son veintidós los mojones o estelas colocados en: Irulegi (Lakidain, valle de Aranguren), Burgi, Gorriti, Beloaga (Oiartzun), Mendikute (Tolosa), Orarregi (Irurtzun), Irurita (Urdiain), Uharte, Ibero Dorrea (Leitza), La Mota (Donostia), Palacio de Ziordia, Garrüze, Uharte Arakil, Gerga (Unzué), Aixita (Etxeberri), Ezkaba, Sangüesa-Zangoza, Pamplona-Iruñea, Aibar y los mencionados de Puente la Reina-Gares y Pueyo. Y son muchas las localidades sensibles con este tema y que están organizando y programando la colocación de estas estelas. Incluso, localidades que hoy pertenecen a otras comunidades como Loarre, en Aragón, o Treviño, en jurisdicción burgalesa, están por esta labor.

El mojón-estela que se coloca es de acero corten y tiene una altura aproximada de 1,80 metros, quedando unos 25 centímetros más baja cuando se sujeta en el suelo. Cada estela lleva añadida una placa con un texto grabado en el que se cuenta la bien documentada historia del castillo.

Según relata Sergio Iribarren, coordinador de Nafarroa Bizirik, “la estela es llevada hasta su emplazamiento definitivo, donde se hace un agujero que posteriormente se rellena de hormigón para, a continuación, colocar el mojón. El día señalado, todos los interesados se trasladan hasta ese lugar para proceder a inaugurar la estela. En todos los casos ha sido una jornada de tono festivo y con un contenido que varía de unos lugares a otros. En unos casos ha sido una auténtica salida montañera para llegar hasta el mismo castillo, donde se ha bailado un aurresku, se han pronunciado unas palabras al respecto y posteriormente se ha celebrado un almuerzo”.

Esta labor de amojonamiento de los castillos navarros está resultando muy positiva. Se han recuperado recorridos montañeros o simplemente de senderismo hasta el lugar donde se levantaba el castillo o aún se levantan parte las ruinas de lo que fue o, en el mejor de los casos, donde se excava para su recuperación (como en Irulegi o Amaiur). Los ayuntamientos, muy sensibles con esta iniciativa, están ayudando a acondicionar y señalar los caminos que, normalmente, suben a su castillo. Esta labor va cuajando a buen ritmo. Prueba de ello es que el 20 de abril de 2013 se presentó el primer tomo de Recorridos a los castillos del reino de Navarra-Nafarroako Erresumaren gazteluetarako ibilbideak, obra de Juanmari Feliú y colaboración de Pello Guerra, Joseba Asirón e Iñaki Sagredo. Una gran idea y trabajo muy susceptible de ser disfrutado por cualquier persona que le guste la Geografía e Historia de Navarra.

Además, esta iniciativa de la colocación de mojones sirve para rescatar parte de la historia de Navarra que se ha olvidado, especialmente por motivos políticos, en la que domina la educación que siempre implanta el vencedor de un conflicto. En algunas localidades ya se venía trabajando sobre su castillo, fortaleza o palacio y esta colocación del mojón ha sido otro buen motivo para reconocer la labor hecha anteriormente en favor de recuperar la memoria histórica del lugar. Pero en otros sitios no se conocía la existencia de la fortaleza o alguien había oído algo al respecto, sin que se hubiera hecho nada. En estos últimos casos, muchas personas se han visto sorprendidas de que esa parte de su historia haya permanecido oculta y ahora empiezan a sentirse más libres a través del conocimiento de sus orígenes.

Destrucción y recuerdo

Las ruinas de los castillos de Navarra ayudan a reconstruir y recordar una historia que, de esa época, nos remite a la conquista de nuestro reino y a la destrucción de los castillos que nos ocupa. Sin tapujos se podría decir que son las ruinas y polvo de los castillos de un reino independiente, Navarra, que fue conquistado por los de Castilla y Aragón a sangre y fuego entre los lustros 3, 4 y 5 del siglo XVI.

Los navarros podemos reconocer a través de estos castillos nuestra historia oculta, que se nos obligó a olvidar, evitando saber bien de donde venimos. Muchísimos navarros quedamos asimilados por nuevas formas dominantes. Otros, más escondidos en las raíces culturales, no tanto. Es por eso que en la recuperación de la memoria de nuestra historia tiene que haber grandes dosis de una tolerancia que ahora no existe por las versiones más extremas de distintos nacionalismos. En nuestro Reino-Estado de Navarra, en el siglo XVI, cuando se arruinaron nuestras fortalezas, los navarros no eran españoles, pero tampoco todos eran de cultura euskaldun. Todos los navarros de hoy, sin embargo, tenemos el común denominador de la ya casi incuestionable verdad de la cruel conquista sufrida. Y todo ello (a pesar de la historia oficial del poder político) gracias al esfuerzo e investigación de un buen puñado de historiadores, ayuntamientos y asociaciones como Nabarralde y Nafarroa Bizirik, entre otras. Para recuperar la memoria de Navarra bien valen 100 mojones o más; y otros hitos necesarios son enseñar la verdad, ninguneada durante ya más de 500 años, y saber captar a todos los navarros, incluidos los muy asimilados y los que no se sienten vascos.


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