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martes, 29 de octubre de 2013

ARTE - PINTURA DE TEMÁTICA VASCA

Cien años sin Darío de Regoyos

El Bellas Artes de Bilbao recoge una muestra del artista asturiano de nacimiento y de espíritu vasco
DEIA-  MAITE REDONDO - Martes, 29 de Octubre de 2013 - 
Darío de Regoyos pintando una calle de Durango (1908).
Darío de Regoyos pintando una calle de Durango (1908).
BILBAO
CUANDO se cumplen hoy 100 años de la muerte de Darío de Regoyos (Ribadesella, Asturias, 1857-Barcelona, 1913), al artista se le sigue reivindicando como propio tanto desde su tierra natal como desde la tierra con la que más se identificó: el País Vasco. Por ello se ha dicho que Regoyos era asturiano de nacimiento, pero vasco de espíritu y adopción. Incluso los belgas reclaman su parte ya que allí vivió durante varios años. El pintor fue a Bélgica invitado por el músico Enrique Fernández Arbós, y conoció a Albéniz. Ambos lo tutelaron y lo introdujeron en los ambientes artísticos. Entró en el grupo de Los XX, un círculo revolucionario que buscaba un arte nuevo aceptado por la sociedad. Allí se codeó con Cézanne, Renoir...
Regoyos nació en Asturias, vivió su niñez y adolescencia en Madrid, viajó por media Europa, pero la realidad es que, al final, siempre volvió una y otra vez al País Vasco. Encarnaba su ideal estético, amaba los paisajes, las montañas, el mar Cantábrico..., en contraposición al blanco cegador de Sorolla, que Regoyos detestaba. "Disfrutó y amó los paisajes vascos, grandes protagonistas de sus cuadros. San Sebastián tuvo un papel muy importante en su obra. En la capital guipuzcoana experimentó la gran evolución en su arte. Allí se casó, nacieron sus hijos... Incluso sus relaciones internacionales las desarrolló desde su residencia en San Sebastián", explica Juan San Nicolás, experto en su obra y comisario de la exposición Darío de Regoyos. La aventura impresionista, una antológica con la que el Bellas Artes conmemora el centenario de la muerte de este artista, que se adentró a contracorriente en las nuevas formas de plasmar la luz al aire libre.
Sin embargo, Regoyos pagó caro su espíritu inconformista, ya que murió prácticamente en la miseria a los 57 años de edad. La historia, poco a poco, le está poniendo en su lugar.
REBELDE
Juan San Nicolás lleva 30 años indagando en la obra y la vida del pintor. "Fue un adelantado de su época, un rebelde, trabajó a contracorriente de las tendencias dominantes en el arte español. Fue el único pintor que participó en tiempo real del preimpresionismo y saltó de sus postulados a los del postimpresionismo, dejando una hermosa huella puntillista", asegura.
Colgado en una de las salas del Museo de Bellas Artes, los visitantes pueden ver el autorretrato que le realizó Daniel Vázquez Díaz, propiedad de la colección de la pinacoteca bilbaina. En él, se aprecia el rostro de un hombre sencillo y afable, un hombre muy sociable que contaba con una gran popularidad en los ambientes artísticos europeos de finales del siglo XIX.
Santos Darío -como fue bautizado- fue el menor de los cinco hijos que tuvo la familia Regoyos, de los que fallecerían tres de ellos. Su ascendencia vasca le viene por parte de sus abuelos paternos, que procedían de Balmaseda.
Su adolescencia discurrió en Madrid en un ambiente familiar acomodado y sin problemas económicos. Cuando falleció su padre, que deseaba que su hijo le sucediera en la carrera arquitectónica, Darío se matriculó en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando donde empezó a impartir clases con el pintor belga Carlos de Haes. Pero, poco le duró la intención porque pronto se dedicó a disfrutar de la herencia paterna y, después de dos años sin asistir a la escuela de Bellas artes, Darío decidió viajar hasta Bruselas para acompañar a Enrique Fernández Arbós, donde acabaría alquilando un estudio.
"Se han dicho muchas cosas de Regoyos equivocadas. En muchas de sus biografías se asegura que se marchó a Bruselas y más tarde se estableció en San Sebastián. Esto no fue así. En realidad, pudo ir a estudiar a Bruselas porque le mantenía su madre, que por aquel entonces vivía en San Sebastián. Al morir su marido, su madre había decidido establecerse en la capital guipuzcoana, ciudad de la que había quedado prendada tras pasar allí varios veranos. Y Darío regresaba todos los años a ver a su madre. De todos modos, fue siempre muy inconformista, no quería aceptar ser un hijo de mama, y cuando dejó definitivamente su casa de Bruselas, se buscó una habitación en Irún, aunque, siempre retornaba donde la madre, era inevitable".
Regoyos fue un viajero incansable, que buscaba constantemente nuevos paisajes para sus cuadros. A lo largo de su vida realizó numerosos viajes por España, Bélgica, Holanda, Francia e Italia en busca de motivos pictóricos. En 1885 se trasladó a Londres con su amigo el poeta Émile Verhaeren para visitar a Whistler, autor de un retrato de Regoyos hoy desaparecido. Pocos años después recorrió con Verhaeren la geografía española, experiencia que daría origen al libro España negra (1899).
Pero, siempre volvía a Donostia, donde cambió de residencia en cinco ocasiones. Era curioso, extrovertido, alegre, simpático, polifacético, sociable… y familiar. Se casó con Henriette de Montguyon y tuvieron seis hijos. Con un estilo puntillista, sus pinceladas dibujaron numerosos paisajes de Euskadi, vistas que marcaron una época en la que el artista contribuyó a la modernización de la pintura vasca en pleno cambio de siglo.
Mantuvo también una estrecha vinculación con al grupo de artistas vascos -Manuel Losada, Adolfo Guiard, Francisco Iturrino, Pablo Uranga, Ignacio Zuloaga- que desde Bilbao trataba de renovar el contexto artístico local. Fue un artista imprescindible para el desarrollo del arte vasco.
En el año 1905 tuvo que abandonar Donostia debido a que su mujer sufrió una crisis nerviosa y tuvo que ser internada en el sanatorio psiquiátrico de Mondragón. Darío decidió alojarse temporalmente en Durango. Un año más tarde, a Henriette le dieron el alta y para cambiar el ambiente que le produjo a su mujer esa crisis, el artista trasladó su residencia a Bilbao y a Las Arenas. En 1911 se trasladó a Alemania para ponerse en tratamiento de un cáncer en la lengua, pero ya nada se pudo hacer por él. Murió en Barcelona el 29 de octubre de 1913.
Dario de Regoyos
Para conocer algo de su obra, desde Askatasunaren Bidea, les proponemos ver algunas de sus pinturas en las cuales Euskal Herria es motivo de inspiración. 
Darío de Regoyos: Arrabal de Pinondo
Arrabal de Pinondo

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Artekondo, Durango
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Iurreta

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Kurutziaga, Durango
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La cruz de Kurutziaga, Durango
Celebración vasca

Donostia
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Romería en Urkiola
Anboto

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