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jueves, 29 de mayo de 2014

HISTORIA - CONMEMORACIÓN

LAGUARDIA CONMEMORA EL 850 ANIVERSARIO DEL FUERO DE POBLACIÓN


Corría el año 1164. Se cree que, en concreto, un 25 de mayo. En esa fecha Laguardia vive uno de los momentos más significativos de su historia. Fue entonces cuando Sancho VI, hermano de Doña Blanca de Navarra, le concede el fuero de población. Un título que convierte a Laguardia en una villa y que le otorga numerosas ventajas y beneficios con respecto a la situación en la que se encontraba con fecha previa a esa concesión.

Es una historia, está claro, lejana en el tiempo, pero que vale la pena rememorar cuando, como ocurre en este año, se cumple un aniversario. Hace 850 años de aquello y la localidad está dispuesta a echar la vista atrás para recordarlo a través de numerosos actos y propuestas que se desarrollarán durante todo el 2014. Y es que, según José Manuel Amézaga, alcalde de Laguardia, es necesario recordar ese momento de tanta importancia. «El de Laguardia fue un fuero muy importante, porque se aplicó desde Viana hasta prácticamente las Conchas de Haro», afirma. Para el pueblo también trajo grandes ventajas e incluso se amplió de manera notable la población del lugar.

Las primeras pinceladas de estas celebraciones tendrán lugar el próximo 18 de mayo, cuando se realice un pequeño preámbulo de los actos oficiales a través de una concentración de los grupos de danzas de Álava. Un espectáculo en el que cada agrupación mostrará sus mejores bailes para animar una jornada festiva en la localidad de La Rioja Alavesa. Será ésta la primera de las actividades programadas de una larga lista. «Todos los estamentos y asociaciones de la localidad se han volcado para configurar un año repleto de actos muy diversos», recalca Amézaga.

Para el 24 de mayo, mientras tanto, se está preparando el instante más sobrio de todos los que se vivirán para conmemorar este hito. «Invitaremos a los alcaldes de todas las localidades que se encontraban bajo la influencia de este fuero, así como a los responsables de las administraciones, y se realizará una ofrenda de flores en Santa María de los Reyes», relata el alcalde de Laguardia, que se muestra muy ilusionado con las diferentes propuestas con las que va a contar la localidad durante todo el 2014.

Conferencias y mucho más

Prácticamente sin descanso, y cuando los primeros días de junio se aproximen, Laguardia acogerá un ciclo de conferencias que versarán sobre este tema y en el que participarán diferentes ponentes expertos en este tipo de hechos históricos. «La idea es que contemos con cuatro o cinco charlas que posteriormente se recogerán en un libro», apunta Amézaga. Además, está prevista una exposición en la que se mostrará el fuero original.

Cuando el verano aparezca por el horizonte de la localidad, las iniciativas continuarán. «Tenemos varias ideas, como un día de puertas abiertas, una actuación de una orquesta de jazz o una jornada titulada 'Laguardia y sus épocas'», enumera el alcalde de la localidad. Por último, y para poner un bonito broche final a las celebraciones, está previsto que se desarrolle un espectáculo de luz y sonido durante la última parte del año. «Además, estamos abiertos a cualquier tipo de propuestas para añadirlas al programa», avisa Amézaga.

No cabe la menor duda de que 850 años son muchos, pero aunque haya pasado tanto tiempo desde que se otorgara ese fuero a Laguardia, no está de más, de vez en cuando, conmemorar ese hecho para que los vecinos de la localidad conozcan su historia. Y este año es una ocasión fantástica.


LIBRO DE LAGUARDIA

POR DON MIGUEL MARTÍNEZ BALLESTEROS

CAPÍTULO IV
EL FUERO DE LAGUARDIA

UNA BODA: Aclamado Rey de Navarra Don García Ramírez, hijo de D. Ramiro y de Doña Elvira, hija del Cid Campeador, después del fin desastroso de D. Alfonso el Batallador en una emboscada en que le metieron los Moros, bajó a la Rioja y nombró Gobernadores de Calahorra a D. Jimeno Fortúñez, y a D. Martín Sánchez, de Logroño, Nágera, Laguardia, Marañón y Piérola.

Esto fue el año de 1135: y puede creerse que Laguardia era ya pueblo de alguna importancia, cuando, además del Alcaide de su Castillo y Fortaleza, se le nombró Gobernador, que no había tenido hasta entonces.
Hallábase D. García Ramírez haciendo estos arreglos, cuando el Emperador de Castilla Don Alonso le vino a visitar y a hacerle pleito homenaje; y los dos Príncipes formaron pactos y alianza. Pero duró muy poco esta buena inteligencia, pues aun cuando se volvieron a reunir en Pradilla, a la ribera del Ebro, y en Nágera, y se cree que el Emperador cedió a D. García el Reino de Zaragoza por las tierras de Rioja (menos Logroño) que D. García le dio a su vez; el Emperador por conveniencia interesada, cedió a D. Ramiro de Aragón el Reinó de Zaragoza, cedido antes a D. García, que justamente indignado le declaró la guerra, para la que se previno recorriendo y pertrechando las plazas fronterizas, que gobernaban y defendían sus parientes e interesados Don Martín, D. Ramiro y D. Jimeno Fortúñez.

Auxiliado el Rey de Navarra por los Vizcainos, Alaveses y Guipuzcoanos, a quienes amaba mucho (síc), acometió al de Aragón por la parte de Jaca; mas avisado de que el Emperador de Castilla bajaba con grande ejercitó, volvió a grandes marchas Ebro arriba.

El Emperador entró en Navarra por la parte de Milagro, Falces, Funes y Peralta, aproximándose a Pamplona; pero D. García, que le seguía la pista por las montañas, sabiendo que el Conde D. Ramón venía a atacar a Tudela con Catalanes y Aragoneses, marchó en secreto a su encuentro y lo destrozó entre Córtes y Gallur, recogiéndose después al abrigo de la Plaza de Tudela, porque el Emperador llegó cuando D. García había alcanzado una victoria completa de sus enemigos.

La guerra entre Navarros y Castellanos duró unos dos años con grandes alternativas, hasta que encontrándose el Emperador en Calahorra y Don García en Alfaro, el Obispo de Calahorra Don Sancho y el de Tarazona, D. Miguel, influyeron con D. Alonso y con el Rey de Navarra de una manera tan eficaz, que lograron más de lo que deseaban; y en la orilla del Ebro se ajustaron las paces y se hicieron los desposorios del hijo del Emperador D. Sancho el Deseado con la hija del Rey de Navarra Doña Blanca; siendo la hermosura de alma y cuerpo de esta Infanta el Iris de estas paces.

Y esta Infanta, tan virtuosa como bella, nació, se crió y salió casada de LAGUARDIA, a cuya villa subieron el Rey y el Emperador para celebrar su boda con D. Sancho el Deseado; pues el Cronista Iñiguez de Ibargüen, al ponderar la grandeza de Laguardía fundada por D. Sancho Abarca, al que llama "Gran Príncipe" dice: Después todos la fueron noblesciendo. D. García Ramírez, Nieto del Cid Campeador, fue padre de la Princesa Doña Blanca, que nasció en esta villa (Laguardia) y se crió y aquí fue casada con D. Sancho el Deseado, Rey de Castilla, el cual fue hijo del Emperador D. Alonso.

Fácil es presumir la alegría y el contento en que rebosarían los habitantes todos de la Villa y Fortaleza al saber el casamiento de su querida Infanta, cuya piedad y belleza estaban admirando desde sus más tiernos años.

Labradores y militares juntos y confundidos en una misma satisfacción recorrían aquellas pintorescas cercanías recogiendo solícitos los inagotables jazmines y madreselvas, de que estaban entonces plagados todos los setos, linderos y paredes de las huertas, viñas y heredades, para formar ramilletes, coronas y guirnaldas con que adornar el altar y trono de la Virgen de los Reyes, cubiertos también, como el atrio precioso en que está la Santa Imagen, de infinitas flores, rosas y azucenas.

Y las ventanas y fachadas de las casas se veían colgadas del verde follaje de laureles y madroños; y las calles que conducían al templo estaban como alfombradas de lirios, yerba buena, sándalo y hoja santa, para dar paso a la regia comitiva que, rodeada de la multitud y entre vítores y aclamaciones, recibía bondadosa y risueña aquellos sencillos y cordiales festejos.

Tan fausto acontecimiento, único de su especie en Laguardia, hizo y obligó a que las gentes todas se esmerasen en agasajar al esclarecido y brillante Cortejo acogido dentro de sus muros para celebrar el enlace de la angelical Infanta. Y los Príncipes y los vasallos agotaron todos los recursos de la época con el fin de imprimir el esplendor posible a las regias funciones.

Luciéronse cabalgatas, justas y sortijas en la espaciosa plaza que se forma entre la fortaleza del Castillo de D. Sancho Abarca, la Iglesia de Santa María de los Reyes y el airoso castillo abacial, convertido más tarde en torre de la Parroquia. Y se corrieron toros acosados, unos por perros generosos, otros esperados y recibidos en lanas y venablos por hombres diestros y animosos. Esto era lo acostumbrado en tales casos, como se verificó en León, cuatro años después, con motivo del matrimonio contraído por este mismo D. García, padre de Doña Blanca y viudo ya, con Doña Urraca, hija del Emperador y hermana de Don Sancho el Deseado.

Es indudable que el casamiento de la Infanta Doña Blanca debió verificarse en la Iglesia de Santa María de los Reyes, que conserva hoy ese mismo nombre, y que, con el precioso atrio o arco triunfante, que dice Ibargüen se tiene por cierto haber sido fundada por D. Sancho Abarca (el verdadero o abuelo) y la Reina su mujer, por devoción que tenían a la Santa Imagen.

Allí congregados los Reyes, Príncipes, Nobles personajes, Arzobispos, Obispos, Abades y ricos hombres se verificó la solemne ceremonia, entregando al feliz D. Sancho la rica joya, el preciado tesoro, la hermosa Infanta, tan blanca en el alma como en el cuerpo, que había honrado toda su vida el estrecho recinto de las murallas de Laguardia, y que después de la celebración del Sacramento, según Iñiguez de Ibargüen, dijo al Rey su marido: Señor, yo nací en esta villa y daquí voy casada con tan honrado Señor. Yo os pido que le hagáis mercedes. El Rey le respondió: Señora, no es en mi reino, pero por mas nobleseella yo le hago merced de las sus armas. Por eso trae en campo colorado un castillo de oro y unas llaves, como diciendo: "que abre y cierra a Navarra y Castilla".

«Esta Reina (Doña Blanca) luego que fue encinta y parió al Rey D. Alonso, que venció en las Navas de Tolosa e ganó las cadenas, murió del parto y es la que está soterrada en Nágera.

Después otras dos reinas, Doñas Blancas, nieta y abuela, que hubo en Navarra, fueron las que dieron a Laguardia las libertades que hoy goza.

Estrechada más y más la alianza del Rey Don García con el Emperador por los dobles enlaces contraídos entre las dos familias, y pactada una tregua con el Conde de Barcelona, llamó el Rey de Navarra a toda la Nobleza y gente de guerra de sus estados, entre la cual se encontraba la de Laguardia y su jurisdicción en la Sosierra; y auxiliado de los Alaveses, Guipuzcoanos y Vizcaínos, hizo cruda guerra a los moros por mar y por tierra.

Pero las glorias y prosperidad de los Reyes, como todas las de esta vida, son efímeras y pasajeras... porque caminaba el Rey D. García Ramírez después de la campaña, desde Pamplona a Estella, y para distraerse, iba cazando en compañía de otros caballeros. Su bravo corcel tomó la carrera, sin que se sepa si fue por espanto o por seguir en persecución de alguna liebre o conejo; y dando un fuerte tropezón cayó al suelo, arrastrando en su caída al Rey, que fue a estrellarse con la cabeza en una piedra tan violentamente, que murió en el acto, con asombro y gran sentimiento de toda la comitiva.

Su muerte fue universalmente sentida en todo el reino, muy en especial en las montañas del vascuence. Le sucedió en el trono de Navarra su hijo D. Sancho el Sabio.

Es muy singular la manera que tenía el Emperador D. Alonso de hacer las pretensiones de boda para sus hijos. En cuanto concebía el pensamiento de endosar un hijo o hija al Rey de Navarra, en lugar de mandarle una comisión o embajada, o de valerse de cualquiera de los modos que usarían los Reyes en aquel tiempo, mandaba su ejército a los estados de su futuro consuegro; y después de tomarle algunas plazas o pueblos y de las fechurías de costumbre, hacia las paces y se verificaba la boda. Así sucedió en el casamiento de su hijo D. Sancho el Deseado con Doña Blanca (la Infanta de Laguardia): lo mismo a los cuatro años antes de la boda del Rey D. García, viudo, con Doña Urraca, hija del Emperador, a la cual precedieron también algunos desaguisados; y otro tanto y más, en el año de gracia de 1152 porque metiéndose con sus tropas y las del Conde de Barcelona por las fronteras de Navarra atacando plazas, castillos y pueblos, pareciendo que se iba a tragar la tierra todo aquel aparato de guerra, no tuvo otro fin que el de hacer las paces, ofreciendo en desposorios o sea la blanca mano de su hija Doña Sancha para el soltero Rey de Navarra y tocayo de la novia Don Sancho el Sabio.

A los tres años, el de 1155, tuvieron una entrevista en Calahorra los dos hermanos D. Sancho de Navarra y Doña Blanca en unión de su marido el ya jurado Rey de Castilla D. Sancho el Deseado. Mas al Emperador le impacientaba el ver que se dilataba la concertada boda de su hija Sancha con el de Navarra, y teniendo ya bien probada la virtud del específico, reunió su ejército que, auxiliado por el de los Aragoneses, penetró en las tierras llanas de la frontera de Navarra y tomó algunas plazas hasta Artajona.

El Emperador no vino a esta guerra, pues se hallaba haciéndosela a los moros en las fronteras de Andalucía; y cuando regresaba, murió de enfermedad en la tienda de campaña que le formaron debajo de una encina, cerca del pueblo de Fresneda, después de recibir los Sacramentos de manos de D. Juan Arzobispo de Toledo.

No obstante, sus deseos se cumplieron después de su fallecimiento, porque en aquel mismo año se casó D. Sancho el Sabio con Doña Sancha, hija del Emperador.

Al llegar aquí no puedo resistir al deseo de consignar, siquiera sea de ligero, que en cuanto supieron los moros la muerte del Emperador D. Alonso de Castilla (¡tal miedo le tuvieron!) inundaron la España, intentando tomar a Calatrava, fortificarla y estrechar a los cristianos.

Entonces fue cuando D. Sancho el Deseado hizo al Monasterio de Santa María de Fitero, de la Congregación Cisterciense la Insigne Donación de Calatrava. Y el Santo Abad Veremundo, ayudado del Rey, fundó el Orden de Caballería de Calatrava, llevando de Fitero los Monjes más robustos, con otros mancebos nobles españoles, y mezclando el Santo Abad con maravillosa traía la observancia de los Monjes del Cister con ejercicios de caballería, consiguió que toda aquella Santa milicia estuviese tan dispuesta a acudir al coro, al oír el toque de la campana, como a empuñar las espadas y lanzas, en cuanto sonaba el clarín guerrero que los llamaba a defender las tierras de la invasión Sarracena o para reconquistar, con laureles inmarcesibles, provincias enteras para su Dios, para su Patria y para su Rey.

Esta Orden de Calatrava fue madre de la de Alcántara y de otras esclarecidas Órdenes militares, que tan heroicamente pelearon por la católica España, alternando en sus oraciones para implorar la misericordia del Dios de las batallas y derramando a torrentes su sangre generosa, para libertarla del poder de la brutal morisma.

Dice el P. Moret, que D. Sancho el Sabio recobró, en 1162, de D. Alonso VIII de Castilla a Logroño, Navarrete, Entrena, Grañón, Cerezo, Briviesca hasta Montes de Oca y cerca de Burgos.

Después invadió D. Alfonso de Castilla la rioja, cercando a Grañón que tomó por hambre; siendo Gobernador de ella y de Treviño D. Alvaro Vechio, pero se hizo la paz entre Navarrete y Logroño, dándose mutuamente varias Plazas en rehenes. El de Castilla dio a Nágera con la Judería, a Arnedo con la Judería, ya Cellorigo. El de Navarra le dio a Estella y su Judería, a Funes y a Marañón. (Esto de dar en rehenes una Ciudad o Plaza era poner el que la recibía un Gobernador de su entera confianza.)

Muchas fueron las Plazas, Castillos y Pueblos que se dieron los Reyes en los tiempos antiguos, como rehenes o garantías de sus convenios o paces estipuladas, pero en toda la serie de guerras, por cierto muy repetidas, que hubo entre Navarra y Castilla, pocas veces lo fue la Plaza y Castillo de Laguardia. Se conoce que los Navarros la consideraron como de importancia suma para la defensa de sus fronteras.

Y llegamos a la época en que Laguardia adquirió mayor consideración y nombradía; porque en este año de 1165 (era 1203) fue cuando, según el P. Moret y la Academia de la Historia, el Rey de Navarra D. Sancho el Sabio dio su Fuero de Población y aumentó esta considerable plaza de armas, nombrando por su Gobernador o Jefe militar (cuyo cargo conservó la villa hasta el siglo XV) a D. Rodrigo Martínez, el cual tenía ya mando e autoridad en Laguardia et en Maraiñón et en Piérola.

El libro de Laguardia sería incompleto si no tuviese entre sus principales páginas la curiosa colección de leyes con que el Rey sabio quiso dotarla y en cuyo contenido se dibujan a maravilla tanto las costumbres como el estado de la sociedad en aquella época.

Dice así:
Fuero otorgado a Laguardia por el Rey de Navarra D. Sancho llamado el Sabio en la era 1203, que es el año de Nuestro Señor Jesucristo de 1165.
In nomine Domini nostri Jesu Cristi.
Yo D. Sancho, por la gracia de Dios, Rey de los pamploneses, fago esta carta a todos los pobladores de Laguardia, también a los presentes como a los porvenir, en cualquiera manera vos quiero buenos fueros é buenas costumbres. Plugo a mi buen corazón é de buena voluntat que dó a vos é otorgo primeramente, que haya des vuestros términos de el Soto de Enego Galindez dentro, seiendo con el termino e uncina dentro, seiendo fasta la Gral e todo el real fasta el Uradon e de medio Ebro en agüa.... yermo e poblado. Otrosí que nengun Sayon nin merino non entre en vuestras casas que vos cuega e vos tome alguna cosa por fuerza, é si entrare e lo matáredes, que non peche sino tres meallas. Otrosi que nengun Señor que toviere la villa por mano del Rey non vos faga nenguna fuerza, nin so merino ni sayon non tome de vos nenguna cosa por fuerza, si no fuere por voluntat dellos e non hayan sobre sí nengun fuero malo de sayonía, nin de abnuda, nin de manería, nin fagan nenguna vereda, mas sean francos é quitos siempre, e sobre si aquesta carta si quiere Señor, si quiere merino o sayon quisiere facer alguna fuerza, sea muerto e por ende non pechen omecillo, mas den su censo cada aiño de cada casa un sueldo al Rey por la fiesta de Pentecostes, e de aquí adelant non fagan servicios sino por voluntat de ellos; non pechen omecillo, por termino si fallaren home muerto dentro de la villa de estos pobladores; si matare uno a otro e lo sabieren los vecinos dos o tres, pechen omecillo, e los otros vecinos non pechen sino por voluntat de ellos; el que lo matare peche docientos sueldos, é de estos caian en tierra los ciento por la ánima del Rey, e los otros ciento pechen o hayan franca licencia de comprar heredat en toda la tierra del Rey, e do quier que compraren hayanla franca e quito é non le demanden nengun Señor, ni nengun home nenguna mortura, nin nenguna vereda por aquella heredat que comprare, et si menester oviere vender, vendana quien quisieren: é si algun poblador ficiere molino en el rio de Ebro peche al Rey en primer aiño cinco sueldos e non mas: e do podieren fallar tierras yermas labrenlas, e do quier qua fallaren yerbas pazcanlas sin nengun embargo: Et otrosi sienguenlas si menester las ovieren; otrosi do fallaren aguas para regir piezas, o huertos, o para molinos facer, o en cualquiera manera que las hayan menester, tomenlas: donde que fallaren montes, ó leiña para quemar o para casas facer, tomenla sen nenguna calonia: e si oviere algun ome infanzon o villano que les demande juicio, que sea de aquende de Ebro, o de allende de la otra parte, respondale é fagale derecho a la puerta de su Villa, e no hayan fuero para hacer batalla, no de fierro, no de agua caliente, mas si podiere probar con dos vecinos de su Villa, peche su calonia cual juzgada fuere, e si non pudiere probar, oia su jura e degelo. Qualquiera vecino pruebe con el otro: nengun de otra tierra non puede probar, e si firiere un vecino a otro e saliere sangre, peche diez sueldos, e caian los medios en tierra por la anima del Rey. E si firiere una muger a otra, e la tomare por los cabellos, e la echare las tocas, e fuere casada, e lo podiere probar con dos, buenas mugeres, peche veinte sueldos, e caian los medios en tierra, por el anima del Rey: non hagan nenguna pesquisa entre ellos, é quien quisiere poblar poble, e haya su heredat franca é quita de dar e vendera quien quisiere: qui oviere de jurar o de mandare jurar de algun su vecino o de estraiño, non jure en otro logar sino en Sant Martin: é si algun poblador ficiere molino en su pieza, o en su huerto, o en su viña, non le dé parte al rey por la agoa; et qui ficiere forno en su heredat, aialo salvó é quito. Non sea metido merino nin sayon sino de la Villa, et si fueren malos o soberbios contra sus vecinos, mátenlos , e non pechen omecillo: Aian alcalde que sea su vecino, é el Señor que toviere los derechos de esta Villa, no le faga nengun tuerto, mas aduzgalo por derecho juicio: et el Alcalde qui fuere en la Villa non tome novena nin arenzatico por el omecillo, nin el sayon non tome ende nenguna parte, mas aquel Señor que tomare su calonia, pague al alcalde et al sayon. Et si algun ome sacare peinas de casa por fuerza, peche sixanta sueldos, los meios en tierra e renda las peinas en aquella casa: et qui embargue algun ome en su casa por fuerza, peche sixanta sueldos, é los meios en tierra; et al home que sacare cuchillo, peche su pugno, si non redímalo al cabdello de la tierra, si ge lo podiere probar por el fuero de la villa; et si alguno comprare capa o manto, o algunos pignos a tuerto, peche cinco sueldos, los meios en tierra conforme es de fuero; et si estos pobladores fallaren algun ome en su huerto o en su viña faciendole daño, pechele cinco sueldos ad aquel Señor cuya es la heredat e la raiz; et de los meios al Principe de la tierra, é si negare con jura de aquel Señor cuya es la heredat e la raiz: et si de noche fallare algun ome, diez sueldos, los meios al Señor de la tierra, et horán franquixa de comprar ropas, trapos, bestias e todas animalías et heredades por carta, e no de otor, si no jure que lo compro: et si el poblador comprare mula, o fegoa, o caballo, o asno, o buey con otorgamiento de camino del rey, e non sabe dó quien, debe jurar, e non de mas otor, et aquel que demandare vendale todo lo suyo despues de haber jurado que por tanto fue comprado, et si el quisiere cobrar su haber con su jura, pruebele, que él non ge lo vendio mas que le vendio fuere furtado, et nin quisiere jurar, e tomar la jura a puerta de la Iglesia, é se absolviere por temor de Dios e los evangelios, non peche calopnia. Et todo ome qui vinierea mercado non de lezda sino el dia de mercado: e todo infanzon que viniere y (allí ó seaa Lag.") poblar rico o pobre, tal haya su heredat quoal fue la de su patrimonio franca e quita: et todos los clerigos non pechen sino que velen en salmos, hinnos et en orationes, mas sean francos e quitos, e por amor de Dios, e por las ánimas de los parientes del Rey, e por las ordenes de ellos, et non den al Obispo sino solamente el quarto, e pazcan su ganado por yermo e poblado, é por dó mejor podieren, et que non vayan en hueste, sino a batalla campal: et el ladron que fuere preso con furto, sea forcado: El caballo haya en guerra seis dineros por dia, e doce dineros de noché, et si moriere cient sueldos, e la fegoa haya en guerra semblamente, et si moriere cincuenta sueldos: el mulo o asno haya en guerra tres dineros de dia y seis de noche, et si moriere veinte sueldos: Ayades por fuero doce estados de casas en luengo et cuatro en ancho: aiades medianedos; e non dedes letza en toda mi tierra: qui fuere fiador de judicio, non responda en medio aiño en suso.
Fecha la carta era 1203 aiños, en el dia de Sant Urban, lunes primero dia despues de la Ascension, octavo kalendas Junii, epacta veinte, luna treinta, regnante el Rey D. Sancho en Navarra, el Conde D. Vela en Alava, D. Rodrigo Martinez en Pedrola, et en Maraiñon et en la Goardia, Obispo D. Rodrigo en Calahorra; Qui esta carta e estos fueros e costumbres quisiere desrromper o quebrantar, sea maldito e apartado de Dios, que es Padre e Fixo e Espiritu Santo, e de Santa María e de Nuestro Señor Jesuchristo, et sit en la maledicction de los Angeles, e de los Arcangeles, e de los Patriarcas, e de los Profetas, e de los Apostoles, e de los evangelistas, e de los Martires, e de los Confesores, e de las Vírgenes, e de todos los esleitos de Dios, et sea dapnado como Judas traidor en el infierno de suso, et perezca ansi como perescieron Sodoma e Gomorra, vea los sus dias pocos, e su mujer sea juida, e sus fixos huerfanos, sea destruido del libro de los, que viven en buena vida, e non fagan conmemoration de el daquí adelant: Amen. Et sobre aquesta maldicion peche al Señor diez mil maravedís.

Et así fallado e puesto en publica forma el presente trasunto del dicho privilegio, mandamos al Secretario o Notario de la dha Cambra de Comptos infraescrito suscribiré signar aquel de su mano; en testimonio de lo cual habemos sellado las presentes enpendient del siello de la dha Cambra. Dada en la Ciudad de Pamplona, so el dho siello de la dha Cambra de Comptosa 21 dias del mes de Abril del aiño 1438.=Yo de Irugoien.=Por la Cambra presente los Oydores de Comptos.=De Irugoien secretario. =Licenciado de Gurpide.=Juaquin de Esparta.

A partir de la época de la concesión de este fuero, el aumento del vecindario de Laguardia fue considerable; las murallas se extendieron y levantaron en parte del espacio que hoy ocupa la Villa: se edificaron muchas casas en su interior y se roturaron y pusieron en cultivo grandes terrenos por los antiguos vecinos y por los que, atraídos por las sabias, justas y benéficas leyes dadas por el Rey D. Sancho, llegaron a formar una villa importante y una campiña extensa y productiva.

Las aldeas de su jurisdicción disfrutaban también de iguales privilegios y beneficios; y en poco tiempo se fueron poblando más y más. Y se llenaron los dilatados montes de la alta cordillera de ganados de todas clases, que invernaban en las dehesas y bosques de la ribera del Ebro: y los terrenos campaniles (alrededores) de estos pequeños barrios se veían adornados, como de improviso, de hermosos huertos, sembrados, viñas y olivares, hasta que todo este rincón occidental de Navarra llegó a adquirir la vida y animación inherentes a su buen clima, ventajosa situación y suelo fértil.

Desde Laguardia bajó D. Sancho a Tudela, y dejó libres las casas que los judíos tenían separadas en sus barrios, de las de los cristianos; pero les obligó a reparar las murallas de la fortaleza (menos el castillo grande) y a cuidar sus reparos.

Ferrando de la Guardia, Notario del Rey, firma la carta de fundación otorgada por D. Sancho a Castellón de Sangüesa. Aunque esto no tenga nada que ver con el principal objeto de este libro, servirá para notar la sencillez que distinguía entonces hasta los documentos de los Reyes; pues antes de rubricarla y como para confirmar más el acto dice: Que el Rey su Señor le había pagado el trabajo de hacerla, dándole un mulo; y que hizo esta carta en el año en que Xemen de Burueta mató a D. Blasco Romeo. Esta muerte debió ser en duelo, tan usado hasta entonces, pues D. Xemen era Señor de Treviño y D. Blasco era Mayordomo del Rey D. Alonso y Señor de Zaragoza.

D. Sancho el Sabio dio, en 1172,a los de la Villa de San Vicente de la Sosierra el Fuero, con muchas franquezas; y les fija sus términos, desde el río de Samaniego, todo el realengo hasta Buradón, y de medio Ebro a esta parte todo lo yermo y poblado.

En 1179 invadieron los Navarros y Vascongados la Francia hasta Burdeos, saqueando e incendiando sus arrabales y talando todo el país del tránsito. Esta agresión de todos los hijos de las montañas Vasco-Cántabras tuvo por motivo y objeto el vengar el agravio que les hizo el Conde D. Arnaldo tomando a Bayona, que entonces era de Navarra, y saqueando cuanto pudo de los dos lados del Pirineo.

Infatigable D. Sancho en procurar el aumento y buen gobierno de sus estados, fundó a Victoria la nueva é insigne en una pequeña aldea llamada Gasteiz (castillo en Vascuence); honrándola con favorables fueros y franquezas y pertrechándola de muy fuertes murallas y torres. Le dio el Fuero de Logroño, mejorado en muchas cosas a una con la carta de fundación, que otorgó (ambas cosas) en Estella en el mes de Setiembre del año 1181. Firman, entre otros muchos, D. Sancho Ramírez Señor de Marañón, Lagoardia y Perola, y Don Albar Muñioz, Señor de Triviño.

Son además de este Sabio Monarca los fueros de Durango y de San Sebastián que pobló, es decir, que trasfirió y aumentó junto a la montaña desde lo antiguo.

D. Alfonso VIII confirmó los fueros, costumbres y libertades que había concedido a San Sebastián el Rey D. Sancho el Sabio, al que llama VARON DE GRAN SABIDURÍA.

También dio D. Sancho el mismo Fuero de Laguardia a Bernedo y Antoñana, para sacarlos de las pésimas costumbres é sugeciones que habían tenido; y los eximió de hacer probanzas por fuego, agua caliente y batalla.

Después continuó poniendo en orden las fronteras de la parte de Álava y de la que hoy día (habla el P. Moret) retiene el nombre antiguo y llaman Sonsíerra de Navarra, región bien fértil, que se dilata entre el Ebro y los montes altos de Álava, que se quedó por D. Sancho y se conservó muchos años en la corona de Navarra.

Siendo grandes los abusos que se cometían con los duelos, tan comunes en aquella época, D. Sancho les puso coto y dificultades, con el fin de disminuillos, ya que tan difícil era extirparlos.

Arregló también el pecho de las fogueras, determinando que se pagasen cuatro sueldos por cada casa: dos sueldos las viudas; y un sueldo los más pobres. No se dice de donde lo tomó, pero esto indica la gran antigüedad del pago de mensuales por fogueras que se hace en las provincias Vascongadas.

Y por último, estando D. Sancho en Pamplona, en donde los Reyes de Navarra solían pasar el verano, así como el invierno en Tudela, cayó gravemente enfermo; y, sin que le valieran de nada los excelentes conocimientos del Judío Salonzon que era su Alfaquino Médico sirviente, murió cristianamente, siendo muy llorado de sus vasallos. Fue el año de 1194.

D. Sancho el Sabio fue un rey amabilísimo y de grandes prendas. Aumentó muchas poblaciones y les dio fueros muy justos. En Guipúzcoa, pobló en gran parte a San Sebastian: en Vizcaya, a Durango: en Álava, fundó a Vitoria y la Puebla de Arganzón. Aumentó y fortaleció a Treviño, Antoñana y Bernedo; y en la Sosierra a Laguardia, San Vicente y otros muchos pueblos.

Fuente: www. larioja.com y  www.tomaszt.com

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