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jueves, 22 de mayo de 2014

NAFARROA NAVARRA NAVARRE NABARRA (EL ESTADO VASCO)

NAFARROA NAVARRA NAVARRE NABARRA (EL ESTADO VASCO)

La tergiversación cultural generalizada.
Las causas de la desestructuración territorial.
Navarro es un concepto jurídico-político.
Navarra y Euskal Herria, dos caras de la misma moneda.
La recuperación de la Territorialidad y de la Soberanía política.


La tergiversación cultural generalizada.
En el Estado español se fundamenta la justificación nacional, no tanto en la voluntad de los ciudadanos, más o menos manifiesta, -el llamado paradigma subjetivo-, como en un amoldamiento al sacralizado altar historicista, tejido de una tupida red de mitos, cuidadosamente urdida y recreada, continuamente protegida por la coerción y alimentada por los nutricios intereses del aparato estatal, en especial a través del sistema educativo y los medios de comunicación, todo ello con el objeto de apuntalar el vigente nacional-constitucionalismo.
Entre nosotros, uno de los orígenes del problema se halla también en que desde el llamado nacionalismo vasco no se cuestiona lo suficiente, ni se revisan con seriedad, las bases ideológicas del Estado dominante, donde se hallan los principales justificantes de la ocupación y dominación. Estamos asistiendo al penoso espectáculo que representan, queremos creer que por ignorancia, precisamente quienes dicen trabajar por la Libertad de este País, pues están dando empuje a la continuada eliminación del Estado vasco, meticulosamente llevada a cabo por España y Francia.
Por otro lado, en nuestro País se ha magnificado, sobre todo en el último siglo, el peso de unos orígenes remotos, que llegan a remontarse al paleolítico, a los que no negamos interés, pero que, por diversos motivos a los que hay que añadir sus repercusiones subsiguientes, han oscurecido los, infinitamente más ricos e importantes, tres mil últimos años transcurridos. Esta auténtica manía tiene dos causas, por un lado, la búsqueda y el conocimiento de los antepasados, a la que no hay nada que objetar, y por otro, la intención de oponer dichos orígenes a la historia oficial de la nación dominante, con lo que se insiste más en la antigüedad global no ajena al mito de los primeros padres, cayendo en la trampa de no contrastar seriamente la propia historia nacional realmente vivida aquí a las de las naciones española o francesa, abocándonos a una mistificación en paralelo a las realizadas con infinitos más medios por las dos naciones extranjeras dominantes, llegando últimamente a pujar en un neojacobinismo semejante al de ellas.

Las causas de la desestructuración territorial del País.
La actual desestructuración territorial y jurídico-política del País, no es consecuencia de la voluntad de sus habitantes, en algún remoto momento supuestamente manifestada, ni mucho menos del determinismo ciego del destino. Las actualmente llamadas Comunidad Autónoma del País Vasco, Navarra y los territorios de Iparralde, como de todos es sabido, no son entes cuasi eternos, ni tampoco lo son Alaba, Bizkaia y Gipuzkoa, ni Lapurdi y Zuberoa. Una cosa es desear la unión, el seiak bat y, otra muy diferente, pensar equivocadamente que dichas regiones han sido alguna vez entes soberanos y aún independientes.
Cuando el territorio de lo que hoy es Alaba, Bizkaia y Gipuzkoa era independiente por ser navarro, estas provincias o territorios no existían como tales y los naturales que allí vivían eran navarros. Navarra era un Reino soberano en el que no había una división territorial como ahora la entendemos. Los tenentes, que no eran señores feudales, gobernaban en nombre de su soberano natural las distintas comarcas y plazas, pero no de forma hereditaria sino sustituidos periódicamente. Fue siglos después de la pérdida de la independencia, cuando se fueron configurando las tres provincias tal como hoy las conocemos. La ruptura de la unidad territorial es fruto, única y exclusivamente de una conducta antijurídica, violenta, contraria al "ius gentium", quebrantadora de todos los tratados internacionales, a través de la conquista, ocupación y dominación por la potencia extranjera, siguiendo sus exclusivos intereses, efectuada progresivamente sobre Navarra entera, especialmente en las señaladas fechas de 1.200 y 1.512 por Castilla-España y 1.621 por Francia.
Dentro del Reino había valles o circunscripciones, acordes con el funcionamiento del sistema jurídico-político navarro, como Yerri, Tudela, Baztán, Roncal, Bizkaia, Gipuzkoa, Nájera, Lizarra, Durango, Treviño, La Sonsierra o Alava, pero ninguna de dichos territorios fue sujeto soberano, ni mucho ni poco, eran denominaciones de áreas geográficas sin autogobierno como hoy lo entendemos. La realidad es que las demarcaciones territoriales mencionadas han cambiado, aumentado o disminuido su espacio, y aún modificado su nombre. Las merindades también fueron surgiendo y modificando su ámbito con el tiempo. Pero siempre fueron divisiones administrativas, nunca con soberanía o autonomía política. Sobre el origen de las provincias vascongadas nos remitimos al Libro "La Navarra marítima"(Ed. Pamiela, 1.998).
Las diferencias jurídico-políticas con referencia a la soberanía, son insalvables entre los diversos territorios. De ahí que la estructuración política de Euskal Herria no se pueda hacer en clave de reunión o confederación de los diferentes territorios actuales, sino mediante un proceso de recuperación de la soberanía nacional, que ya se ha comenzado a apuntar. Pero la importancia que en el proceso soberanista, recientemente iniciado con el Acuerdo de Lizarra-Garazi, adquiere la constatación de la preexistencia de la soberanía nacional y asimismo el reconocimiento de un conflicto político histórico, que ha seccionado y socavado la propia soberanía, exige valorar en su verdadera importancia a Navarra, resituando de raíz todo el planteamiento estratégico seguido en el último siglo.

Navarro es un concepto jurídico-político.
El contenido de la denominación navarro, igualmente es preciso rescatarlo urgentemente, por tratarse de un concepto jurídico político-fundamental. El nombre de navarro no es geográfico, ni étnico, sino que es eminentemente político. La denominación de navarro como la de vasco, son formas de designar a lo largo de los siglos a las mismas gentes y además sobre el mismo territorio, siendo la de navarro la pervivencia del nombre que se daba a las personas que vivían en el territorio independiente. Por lo que hoy todos somos vascos y todos somos navarros.
En su origen, cuando según las fuentes comienza a utilizarse, se emplea desde el área del Imperio franco para poder distinguir a los habitantes del Reino de Pamplona, llamándolos navarros, porque se habían independizado de los francos, para no confundirlos con el resto de los vascones que todavía permanecían dominados. Navarro era el vascón, hablante y poseedor de su lengua y cultura vasca, y que vivía en territorio independiente, pues simultáneamente había vascones que continuaban sometidos a los francos.
Pero a partir del siglo XII las denominaciones navarro-a para las personas y Navarra para el conjunto de la territorialidad, adquieren el significado de integración nacional como ocurrió en el resto de los Estados europeos desde aquella época. Ya no serán utilizados para denominar culturalmente sólo a los vascohablantes, sino que se convierten en el nombre político nacional, integrador y plural. Un judío, como Benjamín de Tudela en 1.170, escribía en su universal libro "Los Viajes" que él era del País de Navarra, lo mismo que lo decían los francos de los burgos. Navarra designa a la territorialidad del Estado y navarros son todas las personas que viven en su territorio, con independencia de su origen y de su lengua, -aunque ello no se consiguiese sin algunas tensiones- ya se hallen en Tudela, Nájera, Durango, Vitoria, San Sebastián o Pamplona.
Fue, como consecuencia de las conquistas realizadas inicialmente por Castilla sobre territorio navarro, que los habitantes de las zonas conquistadas no pudieron seguir diciendo que eran navarros, bajo la amenaza de la comisión de un delito de lesa majestad, o alta traición, al conquistador, lo que conllevaba severísimas penas disuasorias, pues todavía podía quedar para los sojuzgados la tentadora alternativa de un resto de Navarra independiente. Aunque en aquellos tiempos la soberanía estuviese encarnada en el rey. Tras la conquista, se sustituyó, expresa y formalmente, la soberanía navarra por la castellana o española, y en el caso de los territorios hoy llamados de Iparralde por la francesa, lo que fue el motivo de un continuado nacionalicidio, prolongado hasta nuestros días.

Navarra y Euskal Herria, dos caras de la misma moneda.
Navarra y Euskal Herria, se refieren a la misma territorialidad y a las mismas gentes, son dos caras de la misma moneda, la primera es la Nación política y la segunda la Nación cultural.
También es preciso no confundir el significado de los términos Navarra y Euskal Herria, ambos sólidamente asentados sobre el verdadero acontecer histórico. Pues mientras Navarra nació como concepto político para denominar a la Vasconia soberana e independiente, con vocación para toda Vasconia. Euskal Herria surge en los primeros libros en euskera de los escritores navarros del siglo XVI, en la Navarra que permanecía independiente, para abarcar a todos los vascohablantes, aunque residieran fuera del territorio independiente navarro en territorios dominados por España, buscando con ello resaltar la existencia de la Nación cultural y lingüística, que ya no era englobada por la Nación política. El magistrado navarro, nacido en Mauleón, Oihenart, en su "Notitia utriusque Vasconiae, tum Ibericae, tum Aquitanicae", escrita después de la ocupación francesa de la Navarra que permanecía independiente todavía en 1.621, pretende mantener viva, aunque sea solamente, la llama de la cultura nacional, bajo la dominación franco-española.
Pero estos benévolos intentos, de los que durante su vida fueron los últimos navarros independientes del siglo XVII, han sido recogidos por nuestros contemporáneos únicamente por las hojas, sin recabar que aquel esfuerzo creador tenía como sustento un País soberano y que aquel "canto del cisne" significa mucho más que los primeros libros en euskera, representan las Actas de una nación soberana e independiente que quería continuar siéndolo. Es decir, cuando las potencias anexionistas estaban terminando de ocupar, demoler y suplantar a la nación política, que es Navarra, se afirma en su propio seno la nación cultural y lingüística, que es Euskal Herria, en un afán de resistencia, esforzada y de una larga duración multisecular, aferrada en la defensa metro a metro de los restos y jirones de la soberanía política y de la cultura vasca.
Tiene repercusiones muy graves, la no toma en consideración de esta dualidad real de la misma nación: la comunidad cultural (Euskal Herria) y la sociedad política (Navarra). En un proceso de recuperación de la soberanía no se puede atender únicamente a uno sólo de los aspectos de la realidad nacional, forzosamente es preciso contemplar las dos a la vez.
Al igual que navarro y vasco, se refieren a las mismas gentes que residen en el mismo territorio, sobresaliendo uno u otro nombre en función de los tiempos históricos que no dejan de ser circunstanciales; Navarra y Euskal Herria son también denominaciones que se refieren al mismo país, aunque reflejan conceptos complementarios, Navarra abarca a la estatalidad de la nación política y Euskal Herria a la comunidad cultural nacional.

La recuperación de la Territorialidad y de la Soberanía política.
En el desgranar del proceso soberanista, que ya ha comenzado, el principal argumento es la libre voluntad ciudadana, pero su firme hilo conductor es la soberanía recibida. El acto de voluntad realizado por la mayoría política y social ciudadana en Lizarra-Garazi, es el punto de inflexión soberanista que comienza una nueva y propia andadura democrática, a la vez que asume la libre recuperación de la soberanía, un día arrebatada mediante el ejercicio de la violencia injustificada por los conquistadores.
La soberanía es, en sí misma, un concepto positivo, racional y liberador, que se contrapone a lo negativo, como la violencia, la dominación y la invasión. La Soberanía, o el soberanismo, sería absurdo que pudieran ser utilizados como calificativos infamantes o de escarnio.
La creación de la Asamblea de electos municipales representa un hito soberanista, pero el soberanismo también debe transformar todas las instituciones políticas existentes en instrumentos parciales de la nueva soberanía, que a la vez se recupera. Los Parlamentos, las Juntas Generales, los Ayuntamientos, los Concejos, las Mancomunidades, se convierten en instituciones soberanistas porque ya no se las considera como parte del sistema político del Estado dominante, sino como porciones de nuestras instituciones propias, que ejercen jirones de la soberanía no delegada ni transferida, hacia la recuperación paulatina de la plena soberanía. Estas instituciones políticas se recuperan para ejercer la soberanía nacional propia no la del sistema ocupante. Al mismo tiempo que, aquí se va configurando y completando el ámbito soberano, pluralista y constitucional del nuevo marco democrático nacional y estatal, sobre las sólidas raíces del Estado navarro.

Tomás URZAINQUI MINA

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